En Qatar 2022, la FIFA generó 7 mil 570 millones de dólares y para el Mundial 2030, con 64 equipos y 128 partidos, la tendencia apunta a que sus ganancias rondarán los 13 mil 400 millones, casi el doble en ocho años, de acuerdo a los reportes financieros del organismo.
Duplicarse en ocho años es un crecimiento extraordinario para cualquier negocio de gran escala y ese ritmo es exactamente lo que atrae a los grandes fondos de inversión privada y, más allá de posturas a favor o en contra, lo que explica el intento de Gianni Infantino para crear una empresa subsidiaria y que particulares obtengan ganancias del Mundial.
Pero el salto no llegó solo, porque entre Qatar 2022 y el Mundial 2026, la FIFA tomó varias decisiones que transformaron su modelo de negocio. Primero amplió el torneo de 32 a 48 equipos, lo que aumentó los partidos de 64 a 104 y multiplicó los boletos disponibles. Después introdujo precios dinámicos, con lo cual los boletos dejaron de tener un valor fijo y comenzaron a fluctuar según la oferta y la demanda.
Además, se quedó con el mercado de reventa al crear su propia plataforma para 30 por ciento de comisión por cada transacción, seis veces más que en Qatar, sobre boletos de los que ya había obtenido ganancias en la venta original. También, para gestionar los accesos de hospitalidad, la FIFA contrató como proveedor a On Location, una empresa creada por la NFL para exprimir al máximo los paquetes de lujo del Super Bowl.
El resultado fue que los ingresos por boletos crecieron 233 por ciento de un Mundial al otro y por primera vez en la historia del torneo, la taquilla superó a los patrocinadores como fuente de ingreso. Cuando un negocio crece así, los grandes fondos de inversión privada llegan solos.
El problema es que hasta ahora no podían entrar aunque quisieran, pues la FIFA es, en el papel, una asociación sin fines de lucro. Eso significa que no puede repartir ganancias a inversionistas externos porque, en teoría, no existe para generar ganancias. Si alguien le pusiera dinero, no habría forma legal de que le regresara más. Para que eso sea posible se necesita una empresa con acciones y utilidades distribuibles.
Eso es exactamente lo que Infantino propuso esta semana con la FIFA Forward Enterprise, una filial independiente que concentraría todas las actividades comerciales de la FIFA: derechos de transmisión, boletos, patrocinios, hospitalidad, entre otros, bajo una estructura empresarial que sí puede recibir capital externo y retribuirlo.
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La agencia JPMorgan valuó esa empresa en 20 mil millones de dólares y lo que la FIFA vendería es hasta el 20 por ciento de ese valor, unos 4 mil millones de dólares, a cambio de ceder una fracción de la propiedad a inversores privados. Entre los interesados está Thrive Eternal, fondo fundado por Joshua Kushner, cuyo hermano Jared es yerno del presidente Donald Trump.
La UEFA dice que el fútbol le pertenece al pueblo y que nadie tiene derecho a venderlo, y aunque es una justificación legítima, no se trata de un argumento financiero. Cuando un activo se duplica en ocho años y tiene demanda global, el mercado buscará querer una parte.
La pregunta no es si el Mundial es apetecible para los grandes inversionistas, sino si la institución que lo organiza va a decidir quién entra, en qué términos y con qué consecuencias para el juego, para lo cual las Asociaciones Miembro de la FIFA votarán, si bien Confederaciones como UEFA y Concacaf ya se mostraron en contra.
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