siete historias dentro de la NFL Academy

La presencia mexicana en la NFL Academy ya no depende de un caso aislado. Para la temporada 2026-27, siete jugadores con orígenes y recorridos distintos forman un grupo que incluye dos receptores, dos corredores, dos linieros ofensivos y un linebacker exterior. Ciudad de México, Toluca, Ensenada, Monterrey, Torreón y Playa del Carmen aportan talento a uno de los principales programas internacionales de desarrollo de la NFL.

La Academia nació en 2019 y tiene su sede europea en Loughborough, Reino Unido. Su modelo une educación de bachillerato, preparación física, formación técnica y exposición ante reclutadores universitarios. No representa una entrada directa a la NFL. Su primer objetivo consiste en ayudar a los jugadores internacionales a conseguir una beca en Estados Unidos.

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Durante el ciclo 2026-27, más de 50 egresados competirán en el futbol universitario estadounidense y más de 30 pertenecerán a programas de la División I de la NCAA. El ala cerrada Seydou Traore llevó esa ruta hasta el siguiente nivel: Miami lo eligió con la selección 180 del Draft de 2026 y lo convirtió en el primer exalumno de la Academia seleccionado por un equipo de la NFL.

El camino mexicano comenzó con Emiliano Jiménez Albarrán, el primer jugador del país aceptado por el programa. Nació en Donato Guerra y creció en Toluca. Antes de concentrarse en el futbol americano practicó futbol, flag football y baloncesto. Conoció las tackleadas gracias a la invitación de un amigo y, siete años después, ya afronta su segunda temporada en Loughborough.

Albarrán se formó con Borregos Toluca, recibió la máxima valoración interna como linebacker durante su primera campaña y formó parte de las selecciones Toluca Sub-14 y Centro México en 2022. La NFL Academy lo detectó durante las pruebas celebradas en Ciudad Universitaria. Al concluir el evento, el entrenador Daniel Docal se acercó para decirle que había viajado a México con la intención de encontrar un linebacker y que ese jugador era él.

Emiliano conoció su aceptación mientras tomaba una clase de química. Su primera reacción fue escribirle a su madre, a quien reconoce como el principal impulso de su carrera. Ahora mide 1.88 metros, pesa 107 kilogramos y representa al único defensivo mexicano dentro de este grupo.

Armando Gamborino, el otro integrante que repite curso, siguió una ruta distinta. Nació en Miami, pero creció en la Ciudad de México. Practicó futbol, boxeo y tenis antes de descubrir el futbol americano durante su primer año de preparatoria. Su interés comenzó como aficionado de los Denver Broncos después del Super Bowl 50 y luego se transformó en un proyecto deportivo.

Gamborino disputó futbol escolar en Kent School, Connecticut, donde apareció como receptor y esquinero. Una conexión familiar le permitió conocer el programa y el combine de la Ciudad de México le abrió la puerta definitiva. El entrenador Clayton Turner lo reclutó para la Academia. Después de su primer año en Loughborough, el mexicano contará con otra temporada para consolidar su técnica y atraer la atención de universidades estadounidenses.

Diego García representa el trayecto desde el flag football hasta una vitrina internacional de tackle. Nació y creció en Ensenada, donde conoció el deporte por medio de sus amigos. Participó en torneos de flag, pasó por Sharks México y obtuvo su lugar después de destacar en las pruebas de la NFL Academy en Monterrey.

El receptor, de 1.80 metros y 82 kilogramos, tiene como objetivo una beca de División I. Admirador de Justin Jefferson, deberá trasladar la agilidad y el manejo de espacios que desarrolló sin contacto a un sistema que demanda rutas precisas, bloqueos y resistencia física.

Patricio Manzano llega después de una temporada en la que demostró su capacidad para producir desde distintas zonas del campo. El corredor de Linces UVM Toluca fue la figura de la semifinal de la Conferencia Naranja de la categoría Juvenil de Primavera de ONEFA. Anotó tres touchdowns en la victoria de 36-22 sobre Linces Lomas Verdes: uno desde la formación Wildcat en una carrera de 32 yardas, otro con una escapada de 75 y el último mediante un regreso de patada de 74.

Una semana después, Manzano volvió a entrar a las diagonales en la final ante Potros Salvajes de la UAEMéx. Su acarreo de una yarda acercó a Linces 21-20, aunque el punto extra sufrió un bloqueo y el título quedó en manos del rival. Aquellos encuentros retrataron a un corredor capaz de atacar por el centro, romper jugadas largas y colaborar en equipos especiales. Ahora llevará ese repertorio a Inglaterra con 1.78 metros de estatura y 80 kilogramos de peso.

Leonardo Roiz también ocupará el backfield, pero su historia enlaza las dos modalidades del deporte. El jugador de Monterrey conoció el futbol americano gracias a su hermano y construyó primero una trayectoria sobresaliente en el flag football. La NFL Academy lo reconoce como campeón mundial y tres veces campeón nacional en México. Después trasladó sus cualidades al tackle con Borregos Monterrey.

En abril de 2026, Roiz anotó mediante una carrera de 50 yardas en el dramático partido que Borregos Ciudad de México ganó 43-41 a Monterrey. Su velocidad, visión y experiencia en espacios abiertos explican su proyección como corredor. El combine de Monterrey le permitió conseguir su plaza en la Academia, donde aparece con 1.78 metros y 73 kilogramos.

Maximiliano Guerrero aporta una historia de formación entre México y Estados Unidos. El liniero ofensivo nació en Torreón y pasó por Holtville High School, en California, donde jugó como tackle por ambos costados. También participó en lanzamiento de bala y disco, dos pruebas que complementaron su desarrollo físico.

Su recorrido ya abarca tres entornos distintos: el norte de México, el futbol escolar estadounidense y el programa europeo de la NFL. Con 1.96 metros y 129 kilogramos, Guerrero es el mexicano de mayor estatura dentro del grupo. La Academia le ofrecerá la oportunidad de perfeccionar el movimiento de pies, el uso de manos y la lectura de presiones defensivas. Para los reclutadores universitarios, su tamaño constituye el punto de partida; su progreso técnico determinará hasta dónde puede llegar.

Matías Ortiz completa la pareja mexicana en la línea ofensiva. Surgió de Caballeros del Inglés, programa de Playa del Carmen que compite en la Organización de Futbol Americano del Sureste. Durante el Camp Series de Cancún de 2025, el evaluador Cover Cero lo colocó entre los seis prospectos más destacados y le otorgó una valoración de cuatro estrellas.

Ortiz pertenece a la generación de 2029, por lo que tendrá un margen de desarrollo mayor que varios compañeros. El roster oficial lo registra con 1.93 metros y 127 kilogramos. Su llegada también amplía el mapa de reclutamiento nacional: pasó de una organización juvenil del Caribe mexicano a una Academia que disputa encuentros ante preparatorias de Estados Unidos y selecciones europeas.

Los siete mexicanos afrontarán un calendario con rivales capaces de acercarlos a los reclutadores universitarios. La temporada incluye partidos contra programas estadounidenses como Archbishop Hoban, Massillon e IMG Academy, además de compromisos ante conjuntos europeos. El 6 de octubre tendrán un encuentro especial en el Tottenham Hotspur Stadium frente a Friendship Bowl Academy de México.

Ninguno tiene asegurada una beca ni un futuro profesional. Esa realidad coloca el desafío en su dimensión correcta. Albarrán y Gamborino abrieron la puerta; García, Manzano, Roiz, Guerrero y Ortiz representan la expansión de una ruta que antes parecía demasiado distante. El siguiente paso consiste en transformar esa presencia en oportunidades universitarias.


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